Dos continentes con un mismo destino

Nada me salva de la quema… Hace casi un año que no escribo nada en el blog y no podría estar más arrepentida para con los pocos que me leen de vez en cuando. Ha sido un año complicado, difícil y lleno de altibajos, pero con un balance muy positivo.

El sábado pasado me gradué en la Universidad de la Sorbona en París del Máster en Empresas e Intercambios Internacionales: España, Portugal y América Latina, después de un intenso curso académico en el que todos los alumnos hemos vivido una enriquecedora experiencia.

Empezaré por el principio. El año pasado, hacia principios de abril, envié mi candidatura al máster de Paris IV (Paris-Sorbonne), puesto que quería completar mi formación académica con un posgrado que me permitiese aprender más sobre diferentes ámbitos de los negocios y de las relaciones internacionales. Elegí este máster porque es multidisciplinar, tocando temas tan variados como la logística, la historia de Brasil o el AL.pngderecho ambiental. Por suerte, y tras una entrevista de selección, fui aceptada. Pensé que el mayor desafío era entrar, pero resulta que el mayor desafío me esperaba en el aula 24 del Institut d’études ibériques et latino-américaines de la calle Gay-Lussac…

Para poder explicar lo que ha significado para mí este año, es preciso mencionar que la promoción 2016-2017 ha estado compuesta por 28 alumnos de 11 nacionalidades diferentes: Francia, España, Portugal, Colombia, Puerto Rico, Venezuela, Brasil, Rusia, Perú, Argentina y Bolivia. Yo era de las que pensaba que latinos y españoles éramos parecidos… y hablo en pasado con conocimiento de causa. Este curso hemos vivido todos un año de enriquecimiento cultural. No sólo hemos aprendido a conocernos, sino también a limar asperezas, gestionar conflictos interculturales y a respetarnos entre nosotros. He de reconocerlo, no ha sido fácil: todo lo que creía saber sobre los franceses, los portugueses o los latinos ha resultado en vano.

Nunca olvidaré la primera vez que escuché la expresión “¡Vergación!” de nuestra compañera venezolana, ni cuando hablamos de las diferencias entre ser tu “enamorado” en Perú y ser tu “novio” en España. Yo sabía que el español era una lengua multiforme y de largo recorrido, pero no tenía ni idea de que el acento de Cali y el de Cartagena eran tan diferentes, o que “gardear” en Puerto Rico significa “marear a alguien” como lo haría un jugador de baloncesto botando el balón.

También he aprendido mucho sobre las diferencias entre los portugueses y los brasileños, no sólo a nivel lingüístico, sino también cultural.

Quiero agradecer a mis compañeros este maravilloso año, que implica para muchos de nosotros el final de una etapa. La mayoría pasará a formar parte del mercado laboral en muy poco tiempo y, sin duda, harán un excelente trabajo dentro del sector que elijan. Siempre seremos dos continentes con un mismo destino, el haber compartido risas, llantos, conocimientos, conversaciones y otros muchos momentos. Para todos ellos, ¡mucha suerte y nos vemos pronto!

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2 comentarios en “Dos continentes con un mismo destino

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